En una sesión de terapia de pareja, Steven expresó que Susana quería que él hiciera «como si nada pasara» después de la infidelidad, manifestó con enfado que Susana quería que él olvidara lo que ella había hecho y pretendía que fuera: «borrón y cuenta nueva». Susana, por su parte, manifestó que estaba arrepentida y que le había pedido perdón de corazón a su novio, que ya había pasado diez meses y que Steven aún le echaba en cara lo que ella hizo, que además, se sentía cansada de que él arruinaba los momentos bonitos que tenían juntos porque siempre sacaba a colación lo sucedido. En esa sesión, Steven miró a Susana a los ojos y le dijo:
—Yo ya te perdoné, ¡pero olvidar… olvidar no es tan fácil! No me pidas que olvide Susana. De la única forma que yo lo haría es que a mí me diera Alzheimer; de resto, es imposible.
Es una lástima que los seres humanos tengamos la manía de recordar siempre las experiencias que nos han causado dolor más que aquellas que nos han dado vida, alegría y felicidad. Ya sabemos que nuestra mente no olvida, pasen los años que pasen, ese recuerdo siempre va a estar ahí. ¿Se piensa con menos frecuencia y menos dolor a medida que va pasando el tiempo? ¡Sí! Pero depende de uno mismo. He conocido a varias personas que se aferran más al recuerdo y al dolor de lo vivido, que al deseo de superar esa infidelidad o esa situación que en determinado momento causó daño. He visto que, aunque los años han pasado, algunos recuerdan lo ocurrido como si hubiese sido ayer o la semana anterior.
Tenemos la capacidad de elegir hasta cuándo cargar ese dolor; el día que no queramos cargarlo más podemos buscar los recursos para tramitarlo, si elegimos la segunda opción, con el tiempo es menos doloroso recordar. Se disfruta más la vida, se vive mejor el momento presente y la relación, en caso de que aún exista, será mucho más sana.
Cuando hay una infidelidad, el perdón se debe pedir asumiendo la responsabilidad del acto cometido teniendo empatía con los sentimientos de la persona engañada, comprendiendo y, respetando su dolor emocional y, lo más importante, comprometerse a que no volverá a suceder. Comprometerse a buscar soluciones a las desavenencias sin buscar refugiarse en una tercera persona como mecanismo de escape a los conflictos.
He visto como algunas personas no asumen la responsabilidad de la infidelidad, aun cuando su pareja tiene pruebas concretas de dicha situación. Dicen: «es un malentendido», «no es como tú piensas» y se esfuerzan en dar explicaciones poco coherentes con los hechos encontrados por el novio/a o el cónyuge. Cuando sucede esto, es menos probable que la relación sea rescatable.
Por otro lado, cuando nos piden perdón de corazón y, nosotros decidimos perdonar. Lo siguiente que debemos hacer es reconocer que el otro/a, nos ha dañado emocionalmente, nos ha causado un inmenso dolor. Es necesario que ese reconocimiento vaya de la mano con la aceptación del dolor. Luego, me hago responsable de él y busco la forma de tramitarlo sin pasarle una factura muy alta a la pareja por ese dolor emocional.
Perdonar es una decisión, es un regalo divino que me hago a mí mismo y le hago a la persona que me ha causado daño con el propósito de liberar el dolor y sanar esas heridas. Al hacerlo, soltamos lo que ya sucedió con más facilidad. Si no perdonamos a esa persona a quien más lastimamos con ello, es a nosotros mismos.
Si este es tu caso, y no estás listo/a para perdonar, tómate el tiempo que consideres necesario, no te sientas presionado/a, pues muchas veces el otro/a por querer apaciguar la tormenta, quiere ese perdón de inmediato. Si aún no estás listo/a, no lo hagas. Espera hasta que, de corazón, quieras hacerlo. Ahora bien, si otorgamos el perdón, este debe concederse con el compromiso de que no habrá más reproches por lo sucedido.
Libro: Amarnos tanto no es suficiente:
Guía práctica para sostener una relación en pareja satisfactoria
Autora: Yarledy Preciado

